lunes, 27 de enero de 2014

En portada de semanario El Contralor / enero 28 de 2014


                                     El gran pendiente responderle al campo: JHC

* El Mandatario Estatal se comprometió el pasado 18 de enero a iniciar el programa de reconversión productiva. El futuro del campo, enganchado al Gobernador JHC y al TLC.

Durango, Dgo. (EL CONTRALOR).- El sábado 18 de enero, durante el primer encuentro formal del Gobernador Jorge Herrera Caldera con la estructura de su partido, el Revolucionario Institucional, luego de advertirles que 2014 es un año de trabajo para fortalecer estructuras partidistas y de apoyar las obras de su gobierno, abordó una de las asignaturas pendientes en su administración: el atraso en el campo Duranguense.
“Que quede claro, la agenda de Durango está más allá de coyunturas momentáneas o aspiraciones personales!!!”


“Es momento de concentrarnos en lo que juntos vamos a hacer para mejorar la calidad de vida de la gente, con obras, con acciones, con programas sociales, con más vivienda, con más educación, con más seguridad.
“En especial, es momento de concentrarnos en dar respuesta a lo que reconozco ampliamente, es el gran pendiente de mi gobierno y es el gran pendiente de Durango, es momento de concentrarnos en responder al campo... a las familias campesinas, que se han visto seriamente afectadas y que justamente, reclaman atención solidaria, efectiva y oportuna.
“De esta manera, 2014, debe ser el año en el que demos respuesta a las familias Duranguenses y lo debemos hacer –insisto- con la fuerza de la unidad”.
Y es que el campo Duranguense, como el resto del País, ha sido impactado fuertemente por la competencia internacional en este rubro.
El tema del campo, es de cada sexenio y en el gobierno de Herrera Caldera no sería diferente a los anteriores si el mismo Mandatario Estatal no lo estuviera recordando a cada momento.
Sabe que aún le quedan dos años y medio para trazar las líneas generales que hagan del campo, el proveedor de los alimentos de los Duranguenses y eso no es nada fácil. Simplemente, en 2013 se iniciaron los trabajos para evitar que los intermediarios se apoderaran de la producción de frijol que, según se preveía, sería record, por los altos volúmenes de agua que se registraron.
Finalmente se calcula que se obtuvieron 150 mil toneladas de este alimento que hoy, al estar enganchados a los precios internacionales, cada kilo de frijol no ha sido comprado a más de seis pesos, con lo que la frustración del productor aumenta, más allá de las promesas gubernamentales.
Sin embargo, en medio de la incredulidad campesina, los territorios cultivables del Estado deberán sufrir una transformación en los próximos años, previendo futuros adversos o inciertos, como los de hace dos años.
Como se recordará, en 2011 y 2012 fueron años de verdadero desastre para la población campesina de la Entidad.
El campo de Durango enfrentó una crisis sin precedentes, al padecer los estragos de la peor sequía de los últimos 89 años, contingencia que puso en serio predicamento a los sectores agrícola, pecuario y forestal, los cuales siguen en “terapia intensiva”, pero sin la atención suficiente.
En 2012, por ejemplo, el 95 por ciento de los cultivos se perdieron, y se reportó la muerte de 50 mil cabezas de ganado bovino. La desolación se observaba en los 39 municipios del Estado. La esperanza de los campesinos de que el entonces Presidente Felipe Calderón Hinojosa diera el anuncio -durante sus dos últimas visitas a Durango- sobre la creación del fondo para atender los impactos de la sequía, se esfumaron, nunca lo hizo.
Por responsabilidad y no sensibilidad en la pobreza extrema de las familias del medio rural, Calderón Hinojosa reiteró y justificó su veto a dicho fondo de diez mil millones de pesos autorizado por los Legisladores del Palacio de San Lázaro.
Así, el campo Duranguense recibió el regreso del PRI a la Presidencia de la República.
Ahora, la esperanza de las reformas estructurales, el regreso del PRI a la presidencia; la nueva reforma al campo y la preocupación del Gobernador Herrera Caldera sobre el futuro de los productores agrícolas, vuelven a levantar las expectativas de los trabajadores agrícolas de la Entidad, que también como el resto de los campesinos mexicanos, han visto manguar sus posibilidades de progreso, ahora con la agobiante competencia de los productores estadounidenses, en el marco de los 20 años del Tratado de Libre Comercio.
Y al hacer un recuento de lo que ha sucedido en tierras mexicanas, tras la firma de este documento, es importante recordar que cuando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entró en vigor el primero de enero de 1994, mucho se prometió acerca del futuro económico de México, pleno de las inversiones extranjeras y exportaciones en crecimiento que el libre comercio traería consigo. México importaría materias primas baratas y exportaría productos como artículos electrónicos y otras manufacturas.
Pero, 20 años después, la realidad no es tan claramente positiva.
Timothy A. Wise, Director de Investigación de Políticas en el Instituto Global de Desarrollo y Ambiente de la Universidad de Tufts, apunta que uno de los sectores que más ha sufrido de los efectos negativos de la apertura comercial ha sido el campo mexicano, que no ha podido competir con la entrada masiva de productos baratos de otros países, principalmente de Estados Unidos.
Wise indica que durante la primera década del TLCAN, la oleada de productos agrícolas baratos, incluyendo maíz, trigo, y carne, que llegó a México proveniente de Estados Unidos deprimió los precios de los productores mexicanos por debajo de los costos de producción. Esto sacó a los productores mexicanos de la competencia, obligando al País a importar cada vez más productos.
Actualmente, México importa aproximadamente el 42 por ciento de sus alimentos, sobre todo a través de Estados Unidos.
Un producto mexicano que sufrió efectos particularmente devastadores fue el maíz, ya que los precios de las cosechas de este cayeron aproximadamente 66 por ciento.
Diversos análisis históricos de la situación apuntan a que una de las principales causas de esta caída fue el dumping realizado por Estados Unidos.
En comercio internacional, el dumping se refiere a la práctica donde una empresa exportadora establece, para los productos exportados, un precio menor que los costos de producción de las empresas que producen el mismo producto en el País al cual se exportará, sacando de competencia a la empresa local.
En el caso del TLCAN, el aumento en las exportaciones de maíz de Estados Unidos, que se incrementaron alrededor de cuatro veces, a precios 19 por ciento menores -gracias a los subsidios gubernamentales- que los costos de producción de los granjeros estadounidenses hundió al maíz mexicano y a sus productores. El trigo, el algodón, el arroz y la soya de México vivieron situaciones similares, con aumentos de importaciones y caídas de precios.
Dependencia y encarecimiento
Por supuesto, no todo para el campo mexicano es tragedia con el TLCAN. Las exportaciones mexicanas de productos como tomate y fresa, sobre todo hacia Estados Unidos, también aumentaron.
Sin embargo, Wise subraya que es importante decir que las exportaciones de estos productos no lograron compensar el déficit generado por el aumento de las importaciones de alimentos básicos.
Con el campo mexicano incapaz de competir con los productos baratos provenientes de Estados Unidos, México se volvió cada vez más dependiente de las importaciones estadounidenses para satisfacer su demanda doméstica y sus necesidades alimentarias. Para mediados de la década pasada, el País importaba ya más del 40 por ciento de su comida.
La dependencia de las importaciones de maíz pasó de 8 por ciento antes del TLCAN a 32 por ciento después de éste.
El País importaba el 60 por ciento del trigo que consumía, cuando antes importaba menos del 20 por ciento. En cuanto a la soya, el arroz y el algodón, la dependencia era mayor al 70 por ciento.
Y con la dependencia vino la vulnerabilidad. En 2007, cuando los precios internacionales de algunos de los principales productos agrícolas se doblaron y triplicaron, aquellos países dependientes de la importación de estos productos pagaron un alto costo, incapaces ya de competir con la producción estadounidense y de evitar así tener que pagar los precios más altos.
Al igual que con el dumping, el aumento en los precios tiene su raíz en las políticas de Estados Unidos, cuyos subsidios e incentivos dirigieron el 40 por ciento de su producción de maíz a la generación de etanol.
Como resultado, el precio del maíz se disparó, junto con los precios de cosechas relacionadas, como la soya y el trigo, y de productos animales, ya que estos productos se utilizan también para alimentar ganado.
El balance para México
Wise indica que quizá uno de los puntos que más claramente señala el efecto negativo del TLCAN sobre la situación del campo mexicano es la alimentación mexicana. Actualmente, 55 millones de mexicanos -casi la mitad de la población- vive en pobreza, en gran parte sin acceso certero a la alimentación.
Con estos resultados, en la opinión de Wise, es difícil llamar al experimento mexicano del TLCAN en el comercio de alimentos otra cosa que un fracaso, y uno bastante costoso en términos tanto económicos como sociales.
Qué sucedió con la Ganadería, incluyendo la de Durango?
En dos décadas el sector ganadero se fue a pique: desaparecieron 322 mil unidades ganaderas, el hato disminuyó 30 por ciento y el consumo per cápita de carne de res sigue debilitándose por los altos precios, al cierre de este año (2014) será de 15 kilogramos, es decir, 600 gramos menos en comparación con 2012.
Las importaciones representan 12 por ciento del millón y medio de toneladas del consumo nacional, según datos de la Confederación Nacional Ganadera y de Rabobank, organismo internacional especializado en agronegocios.
Es un sector que genera 4.2 millones de empleos permanentes, 12.6 millones indirectos y contribuye con 33 por ciento del PIB agropecuario.
Pablo Sherwell, analista senior de Rabobank, comentó que las perspectivas para el sector han mejorado; este año las exportaciones de carne mexicana se incrementaron 10 por ciento frente a un crecimiento de sólo 3 por ciento de las parámetros de evaluación, para así llevar a cabo una reingeniería de los programas pecuarios.
 Este año continuó la contracción del hato ganadero, pero hay señales de que esto podrá detenerse y llegar a un punto de inflexión en 2015. Las exportaciones representarán 7 por ciento del total del inventario, frente a 8 por ciento de 2012; la exportación de vientres también se reducirá 10 por ciento en comparación con el año pasado, pues se prevé que sólo 20 por ciento de las cabezas exportadas sean hembras. Se espera que la producción este año sea de 1.79 millones de toneladas, la cual estará por debajo de las 1.82 millones producidas en 2012.
Para los ganaderos lecheros el panorama ha sido devastador. Álvaro González Muñoz, Presidente del Frente Nacional de Productores de Leche, sostuvo que la falta de control en las importaciones de leche y sus derivados, como sueros y preparaciones alimenticias, entre otros, y los bajos precios llevaron a la quiebra a más de 600 mil unidades de producción y casi 700 mil pequeños productores abandonaron la actividad. El hato lechero está integrado por 2.4 millones de cabezas, de las cuales poco más de 40 por ciento se concentra en Jalisco, Coahuila, Durango y Chihuahua, y aportan 50 por ciento de los 10 mil 881 millones de litros de la producción nacional; en tanto las importaciones representan 32 por ciento del consumo total de lácteos, de casi 16 mil millones de litros.
Déficit en ovinos y porcinos
La Asociación Nacional de Ganaderos Lecheros destacó que para superar la crisis se requiere un gran esfuerzo de los industriales y del gobierno para instrumentar políticas públicas que permitan un justo equilibrio entre el costo de producción y el precio que impone la oferta y demanda.
En porcicultura, el déficit es de 33 por ciento sobre el 1.1 millones de toneladas de consumo nacional aparente, se tienen 700 mil vientres y una piara de 15.5 millones. Hay una desigualdad en la producción y comercialización con respecto a Estados Unidos, el principal competidor de los productores nacionales, cuyo inventario es cuatro veces mayor al mexicano. En ovinocultura, la producción es de 56 mil toneladas y el consumo de 67 mil, por lo que se recurre a las importaciones para cubrir la demanda.
Esta es la realidad y en este escenario se mueven los productores Duranguenses, de ahí que el discurso del 18 de enero, del Gobernador Herrera Caldera, debe ser tomado con toda la seriedad porque en la medida en que el campo siga olvidado, será más difícil levantarlo con la consiguiente condena de sus trabajadores, a la exclusión del desarrollo productivo.

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