El gran pendiente responderle al campo: JHC
* El
Mandatario Estatal se comprometió el pasado 18 de enero a iniciar el programa
de reconversión productiva. El futuro del campo, enganchado al Gobernador JHC y
al TLC.
Durango, Dgo. (EL CONTRALOR).- El sábado 18 de enero, durante el primer encuentro
formal del Gobernador Jorge Herrera Caldera con la estructura de su partido, el
Revolucionario Institucional, luego de advertirles que 2014 es un año de
trabajo para fortalecer estructuras partidistas y de apoyar las obras de su
gobierno, abordó una de las asignaturas pendientes en su administración: el
atraso en el campo Duranguense.
“Que quede claro, la agenda de Durango está más allá de coyunturas
momentáneas o aspiraciones personales!!!”
“Es momento de concentrarnos en lo que juntos vamos a hacer para mejorar
la calidad de vida de la gente, con obras, con acciones, con programas
sociales, con más vivienda, con más educación, con más seguridad.
“En especial, es momento de concentrarnos en dar respuesta a lo que reconozco
ampliamente, es el gran pendiente de mi gobierno y es el gran pendiente de
Durango, es momento de concentrarnos en responder al campo... a las familias
campesinas, que se han visto seriamente afectadas y que justamente, reclaman
atención solidaria, efectiva y oportuna.
“De esta manera, 2014, debe ser el año en el que demos respuesta a las
familias Duranguenses y lo debemos hacer –insisto- con la fuerza de la unidad”.
Y es que el campo Duranguense,
como el resto del País, ha sido impactado fuertemente por la competencia
internacional en este rubro.
El tema del campo, es de cada
sexenio y en el gobierno de Herrera Caldera no sería diferente a los anteriores
si el mismo Mandatario Estatal no lo estuviera recordando a cada momento.
Sabe que aún le quedan dos años y
medio para trazar las líneas generales que hagan del campo, el proveedor de los
alimentos de los Duranguenses y eso no es nada fácil. Simplemente, en 2013 se
iniciaron los trabajos para evitar que los intermediarios se apoderaran de la
producción de frijol que, según se preveía, sería record, por los altos
volúmenes de agua que se registraron.
Finalmente se calcula que se
obtuvieron 150 mil toneladas de este alimento que hoy, al estar enganchados a
los precios internacionales, cada kilo de frijol no ha sido comprado a más de
seis pesos, con lo que la frustración del productor aumenta, más allá de las
promesas gubernamentales.
Sin embargo, en medio de la
incredulidad campesina, los territorios cultivables del Estado deberán sufrir
una transformación en los próximos años, previendo futuros adversos o
inciertos, como los de hace dos años.
Como se recordará, en 2011 y 2012
fueron años de verdadero desastre para la población campesina de la Entidad.
El campo de Durango enfrentó una
crisis sin precedentes, al padecer los estragos de la peor sequía de los
últimos 89 años, contingencia que puso en serio predicamento a los sectores
agrícola, pecuario y forestal, los cuales siguen en “terapia intensiva”, pero
sin la atención suficiente.
En 2012, por ejemplo, el 95 por
ciento de los cultivos se perdieron, y se reportó la muerte de 50 mil cabezas
de ganado bovino. La desolación se observaba en los 39 municipios del Estado.
La esperanza de los campesinos de que el entonces Presidente Felipe Calderón
Hinojosa diera el anuncio -durante sus dos últimas visitas a Durango- sobre la
creación del fondo para atender los impactos de la sequía, se esfumaron, nunca
lo hizo.
Por responsabilidad y no
sensibilidad en la pobreza extrema de las familias del medio rural, Calderón
Hinojosa reiteró y justificó su veto a dicho fondo de diez mil millones de pesos
autorizado por los Legisladores del Palacio de San Lázaro.
Así, el campo Duranguense recibió
el regreso del PRI a la Presidencia de la República.
Ahora, la esperanza de las reformas
estructurales, el regreso del PRI a la presidencia; la nueva reforma al campo y
la preocupación del Gobernador Herrera Caldera sobre el futuro de los
productores agrícolas, vuelven a levantar las expectativas de los trabajadores
agrícolas de la Entidad, que también como el resto de los campesinos mexicanos,
han visto manguar sus posibilidades de progreso, ahora con la agobiante
competencia de los productores estadounidenses, en el marco de los 20 años del
Tratado de Libre Comercio.
Y al hacer un recuento de lo que
ha sucedido en tierras mexicanas, tras la firma de este documento, es
importante recordar que cuando el Tratado de Libre Comercio de América del
Norte (TLCAN) entró en vigor el primero de enero de 1994, mucho se prometió
acerca del futuro económico de México, pleno de las inversiones extranjeras y
exportaciones en crecimiento que el libre comercio traería consigo. México
importaría materias primas baratas y exportaría productos como artículos
electrónicos y otras manufacturas.
Pero, 20 años después, la
realidad no es tan claramente positiva.
Timothy A. Wise, Director de
Investigación de Políticas en el Instituto Global de Desarrollo y Ambiente de
la Universidad de Tufts, apunta que uno de los sectores que más ha sufrido de
los efectos negativos de la apertura comercial ha sido el campo mexicano, que
no ha podido competir con la entrada masiva de productos baratos de otros
países, principalmente de Estados Unidos.
Wise indica que durante la
primera década del TLCAN, la oleada de productos agrícolas baratos, incluyendo
maíz, trigo, y carne, que llegó a México proveniente de Estados Unidos deprimió
los precios de los productores mexicanos por debajo de los costos de
producción. Esto sacó a los productores mexicanos de la competencia, obligando
al País a importar cada vez más productos.
Actualmente, México importa
aproximadamente el 42 por ciento de sus alimentos, sobre todo a través de
Estados Unidos.
Un producto mexicano que sufrió
efectos particularmente devastadores fue el maíz, ya que los precios de las
cosechas de este cayeron aproximadamente 66 por ciento.
Diversos análisis históricos de
la situación apuntan a que una de las principales causas de esta caída fue el
dumping realizado por Estados Unidos.
En comercio internacional, el
dumping se refiere a la práctica donde una empresa exportadora establece, para
los productos exportados, un precio menor que los costos de producción de las
empresas que producen el mismo producto en el País al cual se exportará,
sacando de competencia a la empresa local.
En el caso del TLCAN, el aumento
en las exportaciones de maíz de Estados Unidos, que se incrementaron alrededor
de cuatro veces, a precios 19 por ciento menores -gracias a los subsidios
gubernamentales- que los costos de producción de los granjeros estadounidenses
hundió al maíz mexicano y a sus productores. El trigo, el algodón, el arroz y
la soya de México vivieron situaciones similares, con aumentos de importaciones
y caídas de precios.
Dependencia y encarecimiento
Por supuesto, no todo para el
campo mexicano es tragedia con el TLCAN. Las exportaciones mexicanas de
productos como tomate y fresa, sobre todo hacia Estados Unidos, también
aumentaron.
Sin embargo, Wise subraya que es
importante decir que las exportaciones de estos productos no lograron compensar
el déficit generado por el aumento de las importaciones de alimentos básicos.
Con el campo mexicano incapaz de
competir con los productos baratos provenientes de Estados Unidos, México se
volvió cada vez más dependiente de las importaciones estadounidenses para
satisfacer su demanda doméstica y sus necesidades alimentarias. Para mediados
de la década pasada, el País importaba ya más del 40 por ciento de su comida.
La dependencia de las
importaciones de maíz pasó de 8 por ciento antes del TLCAN a 32 por ciento
después de éste.
El País importaba el 60 por
ciento del trigo que consumía, cuando antes importaba menos del 20 por ciento.
En cuanto a la soya, el arroz y el algodón, la dependencia era mayor al 70 por
ciento.
Y con la dependencia vino la vulnerabilidad.
En 2007, cuando los precios internacionales de algunos de los principales
productos agrícolas se doblaron y triplicaron, aquellos países dependientes de
la importación de estos productos pagaron un alto costo, incapaces ya de
competir con la producción estadounidense y de evitar así tener que pagar los
precios más altos.
Al igual que con el dumping, el
aumento en los precios tiene su raíz en las políticas de Estados Unidos, cuyos
subsidios e incentivos dirigieron el 40 por ciento de su producción de maíz a
la generación de etanol.
Como resultado, el precio del
maíz se disparó, junto con los precios de cosechas relacionadas, como la soya y
el trigo, y de productos animales, ya que estos productos se utilizan también
para alimentar ganado.
El balance para México
Wise indica que quizá uno de los
puntos que más claramente señala el efecto negativo del TLCAN sobre la
situación del campo mexicano es la alimentación mexicana. Actualmente, 55
millones de mexicanos -casi la mitad de la población- vive en pobreza, en gran
parte sin acceso certero a la alimentación.
Con estos resultados, en la
opinión de Wise, es difícil llamar al experimento mexicano del TLCAN en el
comercio de alimentos otra cosa que un fracaso, y uno bastante costoso en
términos tanto económicos como sociales.
Qué sucedió con la Ganadería,
incluyendo la de Durango?
En dos décadas el sector ganadero
se fue a pique: desaparecieron 322 mil unidades ganaderas, el hato disminuyó 30
por ciento y el consumo per cápita de carne de res sigue debilitándose por los
altos precios, al cierre de este año (2014) será de 15 kilogramos, es decir,
600 gramos menos en comparación con 2012.
Las importaciones representan 12
por ciento del millón y medio de toneladas del consumo nacional, según datos de
la Confederación Nacional Ganadera y de Rabobank, organismo internacional
especializado en agronegocios.
Es un sector que genera 4.2
millones de empleos permanentes, 12.6 millones indirectos y contribuye con 33
por ciento del PIB agropecuario.
Pablo Sherwell, analista senior
de Rabobank, comentó que las perspectivas para el sector han mejorado; este año
las exportaciones de carne mexicana se incrementaron 10 por ciento frente a un
crecimiento de sólo 3 por ciento de las parámetros de evaluación, para así
llevar a cabo una reingeniería de los programas pecuarios.
Este año continuó la contracción del hato
ganadero, pero hay señales de que esto podrá detenerse y llegar a un punto de
inflexión en 2015. Las exportaciones representarán 7 por ciento del total del
inventario, frente a 8 por ciento de 2012; la exportación de vientres también
se reducirá 10 por ciento en comparación con el año pasado, pues se prevé que
sólo 20 por ciento de las cabezas exportadas sean hembras. Se espera que la
producción este año sea de 1.79 millones de toneladas, la cual estará por
debajo de las 1.82 millones producidas en 2012.
Para los ganaderos lecheros el
panorama ha sido devastador. Álvaro González Muñoz, Presidente del Frente
Nacional de Productores de Leche, sostuvo que la falta de control en las
importaciones de leche y sus derivados, como sueros y preparaciones
alimenticias, entre otros, y los bajos precios llevaron a la quiebra a más de
600 mil unidades de producción y casi 700 mil pequeños productores abandonaron
la actividad. El hato lechero está integrado por 2.4 millones de cabezas, de
las cuales poco más de 40 por ciento se concentra en Jalisco, Coahuila, Durango
y Chihuahua, y aportan 50 por ciento de los 10 mil 881 millones de litros de la
producción nacional; en tanto las importaciones representan 32 por ciento del
consumo total de lácteos, de casi 16 mil millones de litros.
Déficit en ovinos y porcinos
La Asociación Nacional de
Ganaderos Lecheros destacó que para superar la crisis se requiere un gran
esfuerzo de los industriales y del gobierno para instrumentar políticas
públicas que permitan un justo equilibrio entre el costo de producción y el
precio que impone la oferta y demanda.
En porcicultura, el déficit es de
33 por ciento sobre el 1.1 millones de toneladas de consumo nacional aparente,
se tienen 700 mil vientres y una piara de 15.5 millones. Hay una desigualdad en
la producción y comercialización con respecto a Estados Unidos, el principal
competidor de los productores nacionales, cuyo inventario es cuatro veces mayor
al mexicano. En ovinocultura, la producción es de 56 mil toneladas y el consumo
de 67 mil, por lo que se recurre a las importaciones para cubrir la demanda.
Esta es la realidad y en este escenario se
mueven los productores Duranguenses, de ahí que el discurso del 18 de enero,
del Gobernador Herrera Caldera, debe ser tomado con toda la seriedad porque en
la medida en que el campo siga olvidado, será más difícil levantarlo con la
consiguiente condena de sus trabajadores, a la exclusión del desarrollo
productivo.

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