En Michoacán:
¿Y
el federalismo?
*“No
es posible salir a vender a un México que se está transformando, cuando el
gobierno no puede controlar ciertos territorios”. “Es un golpe seco, ilegal y
amenazante, que deja sin efecto el federalismo y a las entidades libres y
soberanas”: Analistas
Durango, Dgo. (EL CONTRALOR).- Lo sucedido la semana pasada en el Estado de
Michoacán, está muy lejos de descifrarse. Para algunos analistas, es una decisión
acertada, la primera, del Presidente Enrique Peña Nieto. Para otros que
observan de cerca el acontecer nacional y la interpretan, se trata de puro
teatro, puro show., al margen si se trata o no de una nueva expresión de autoritarismo,
de violación a la Constitución y a la soberanía de las entidades federativas y
una clara amenaza a los Gobernadores mal portados.
Así tituló, el pasado 16 de los
corrientes, su colaboración a Excelsior, el politólogo Leo Zuckermann, quien
comienza su reflexión recordando que el gobierno de Peña ha mandado, de nuevo,
al Ejército y Policía Federal a tomar por la fuerza varios municipios de la
Tierra Caliente. Supuestamente van a desarmar a los grupos de autodefensa y
perseguir a Los Caballeros Templarios. También implementarán programas sociales
para lo del “tejido social”. Nada nuevo bajo el sol. Y quizá sea así porque no
hay otras alternativas. El problema es que, si se vuelve a fracasar en
Michoacán, corremos el riesgo de que este problema se extienda a otras partes
del País. Por eso, lo que está en juego es mucho: se trata de afirmar el poder
del Estado en todo el territorio nacional. No es posible salir a vender a un
México que se está transformando, que está abriendo oportunidades de inversión,
cuando el gobierno de ese País no puede controlar ciertos territorios; cuando
es patente la debilidad del Estado. El Gobierno Federal, por lo pronto, ha
implementado otra estrategia de “shock and awe”. Se trata de una doctrina
militar dirigida a dominar rápidamente un territorio. Está “basada en el uso de
poder abrumador, conciencia del campo de batalla dominante, maniobras
dominantes y demostraciones espectaculares de fuerza para paralizar la
percepción del adversario de un campo de batalla y destruir su voluntad de
luchar”. Miles de elementos del Ejército, policías federales y agentes de la
PGR llegaron a Tierra Caliente por aire y tierra enseñando poderosas armas.
Tomaron los municipios y carreteras principales. Supuestamente procedieron a
desarmar a los grupos de autodefensa y perseguir a Los Templarios. El despliegue
ha sido impresionante en los medios. Pero, ¿está funcionado? Recurro, dice Leo,
una vez más a las crónicas de Alejandro Sánchez de La Razón. En cuanto a las
autodefensas, narra que los soldados del Ejército sorprendieron a los que
vigilaban el punto que conecta a Nueva Italia y Antúnez. “Sesenta hombres
fueron puestos pecho tierra con las manos en la nuca y les quitaron las armas.
El aviso del sometimiento llegó a los radios de comunicación de otras células
apostadas en Nueva Italia, que emprendieron una movilización junto con
habitantes de los poblados. Fortalecidos, los grupos civiles rodearon a los
soldados y antes de recuperar las armas sonó un disparo”. Mario Pérez Torres,
de las autodefensas, murió en el acto. En cuanto al combate a los criminales Templarios,
el reportero de La Razón relata que en la plaza central de Apatzingán “salió
enojado el cura de la iglesia principal, Gregorio López. Se paró en medio, dejó
el meloso tono de voz con que oficia misa los domingos y se acomodó los
pantalones. -Todo esto no es más que un teatro, dijo mientras las patrullas
deambulaban y helicópteros sobrevolaban rasantes- todo mundo sabe dónde están
Nazario y La Tuta... (líderes de Los Templarios). ¡Están comiendo aquí a un
kilómetro!”. Sánchez afirma que el operativo militar no se veía como para
buscar a alguien: “no hubo cateo, ni nada parecido”. Sólo fue para controlar la
seguridad del Gobernador Fausto Vallejo, quien supuestamente se fue a despachar
a Apatzingán. “Teatro”, así llama el párroco al operativo del Gobierno Federal.
¿Acaso se trata de puro shock and awe? ¿Maniobras dominantes y demostraciones
espectaculares de fuerza con la intención de paralizar al enemigo? Ojalá, por
lo pronto, los paralizarán. No parece porque andan quemando farmacias y
lanzando balazos. Aquí lo que se necesita es desarmar a las autodefensas,
detener a los líderes de Los Templarios, romper sus redes criminales en la zona
y reestablecer la presencia del gobierno como único agente que provee seguridad
y cobra impuestos. (También, por qué no, reestablecer el “tejido social”,
cualquiera que sea su significado). Está muy difícil. Pero no por ello se debe
claudicar. Tomará mucho tiempo. Vale la pena, porque en Michoacán ya no se
puede volver a fracasar. Hasta aquí la reflexión del columnista de Excelsior.
2.- Es un golpe exploratorio
Sin embargo, para Julio Hernández
López, autor de la columna Astilleros, en La Jornada, lo de la semana pasada,
es una acción autoritaria de Enrique Peña Nieto y un mensaje amenazante a los Gobernadores
que sigan el camino de Fausto Vallejo. Escribe Julio Hernández que más allá de
la circunstancia Michoacana, la designación de un Comisionado imperioso para
suplir abiertamente a un Gobernador en funciones (así sea el física y
políticamente maltrecho Fausto Vallejo) es un golpe seco, ilegal y amenazante,
que deja sin efecto el federalismo (con sus nociones, ahora borradas de un
plumazo, de las entidades libres y soberanas) y suple autoritariamente los
procesos electorales estatales y su consecuente constitución de poderes (así
hayan sido caracterizados por el fraude electoral y la corrupción). Como en
otros temas, la mansedumbre ciudadana ante el atrevimiento de defenestrar al
titular de un Poder Ejecutivo Estatal e imponer a sus pistolas a un Mexiquense
como nuevo Gobernador virtual de Michoacán pareciera incitar a Los Pinos a
posteriores excesos. Cual si de un laboratorio social se tratara, desde el
Poder Federal se cometen agravios y desviaciones que al recibir convalidación
colectiva mediante la apatía impulsan a los depredadores políticos a continuar
con sus violaciones, incrementando incluso el nivel de prueba de la resistencia
ciudadana. Esta vez, por ejemplo, mediante un decreto se han adjudicado a
Castillo facultades y funciones de las que evidentemente está siendo despojado
Vallejo, a quien técnicamente eligió la soberanía popular Michoacana para que
cumpliera de manera absolutamente personal las obligaciones de las que ahora se
encargará un enviado de Los Pinos. Una visión pragmática podría considerar
benéfico el intervencionismo peñista en razón del desastre en que está
convertida la Entidad a causa, entre otros, del propio Gobernador Constitucional,
Vallejo, y de quien ha sido interino y ha ejercido el mando informal de manera
intermitente, Jesús Reyna. Sin embargo, momentos hubo en los que se pudo haber
conseguido la licencia del desfalleciente Vallejo, pero el Gobierno Federal no
quiso correr el riesgo de convocar a nuevas elecciones y perderlas, y tampoco
quiso impulsar la opción de la desaparición desde el Senado de ese Poder Estatal,
así que ha forzado a extremos patéticos la permanencia espectral de Fausto y
ahora ha sacado de la chistera el truco del Comisionado que sin empacho alguno
se declara listo para nombrar Procurador de Justicia y Secretario de Seguridad
Pública en la Entidad y al cual el gabinete federal está listo para atender con
especialísima buena disposición, sin siquiera cuidar mínimamente las formas
políticas y jurídicas. En ese contexto, la designación de Alfredo Castillo como
Gobernador personal de Peña Nieto en Michoacán, es consecuencia de la
permisividad colectiva ante hechos prefigurativos como el cínico desenlace del caso
de la niña Paulette en el Estado de México. De la misma manera, la caciquil
instalación de Castillo en tierras Tarascas es un lance (consentido hoy por la
misma clase política, embebida en otros negocios) que crea condiciones para
posteriores golpes a los estados, venganzas y presiones sobre Gobernadores y
sujeción absoluta de las camarillas políticas regionales a las instrucciones de
un centro al que no se le dificultan las ensoñaciones dictatoriales. Ese
autoritarismo galopante envía a través de Castillo un mensaje a los Gobernadores
que hoy van en un camino de realineamiento riguroso con Los Pinos, luego que
durante los periodos panistas los encaramados en la silla presidencial no
pudieron controlar a esos poderes estatales que tomaron proporciones
descomunales.
Jorge Fernández Menendes, en
Excelsior, se limita a analizar, sobre lo sucedido en Michoacán, al personaje
sobre el que hoy están dirigidos los reflectores nacionales e internacional:
Alfredo Castillo Cervantes. Tengo entendido que la relación de Castillo con Peña
Nieto se dio a partir del General Rafael Macedo de la Concha cuando éste era Procurador
General de la República. También que fue parte de esa relación el actual
embajador de México en Estados Unidos, Eduardo Medina Mora, que ayudó a Peña a
construir sus áreas de seguridad cuando éste iniciaba su administración en el
Estado de México. Lo cierto es que si hubo un momento en que la precandidatura
presidencial de Peña Nieto estuvo en peligro fue cuando se dio el caso Paulette.
El Procurador Alberto Bazbaz fue sobrepasado, política y mediáticamente por el
caso y tuvo que entrar en su reemplazo Castillo Cervantes. En ese tránsito se
encontraron los restos de Paulette y con muchos esfuerzos el escándalo se fue
apagando. Pero algo debe haber hecho bien Castillo porque se quedó como Procurador
y al iniciar la campaña Peña Nieto se lo llevó con él. En el nuevo gobierno
comenzó como Subprocurador en la PGR. Dos casos le tocaron en las pocas semanas
que duró en ese cargo, ambos muy delicados para la nueva administración. En
cuanto se anunció oficialmente que el Gobierno Federal iría por una reforma en
el sector energético, se dio la explosión en el edificio de Pemex. Todo mundo
creyó inicialmente en un atentado. Hubo que realizar una investigación
detallada y una ardua labor de medios para convencer que el estallido se había
debido a una acumulación de gas en un subsuelo. Pero el objetivo se logró. Esa
labor, por lo menos en sus etapas iniciales fue responsabilidad de Castillo. Y
de la mano con ello le tocó ser el responsable operativo de uno de los momentos
más delicados del sexenio: la detención de Elba Esther Gordillo. Hay quienes
dicen que el propio Presidente Peña, una vez que dio luz verde para realizar la
detención, estuvo más de una noche en vela sopesando las repercusiones. El
hecho es que, con buenas o malas razones, Elba Esther fue detenida, perdió el
control del sindicato y, por lo menos en ese ámbito, no pasó nada. Todo lo
sucedido después con la Coordinadora es parte de otra historia. Pero la
detención fue una operación realizada con limpieza. Y Alfredo Castillo llegó a
la Profeco a apagar el fuego, lavar la imagen de la institución y hacerla
respetable. Lo hizo y lo hizo bien. Pero era obvio que esa era una estación de
paso. Esta semana fue designado Comisionado en Michoacán, y su ámbito de
atribuciones es enorme. En los hechos podrá desde designar a todos los
Delegados Federales en la Entidad hasta reemplazar miembros en el gabinete
local, pero también coordinar desde las fuerzas de seguridad hasta la política
social, la educación y la salud.
4.- Alfredo Castillo Cervantes, el virrey.
José Cárdenas escribió el 17 de
los corrientes:
Castillo Cervantes —hombre de toda la confianza del Presidente Peña— justificó la razón de su encargo: “La falta de respuesta de las instituciones del Estado a sus ciudadanos es lo que debilita y merma la confianza en ellas; hoy comienza una nueva etapa en Michoacán para recuperar la legalidad y la confianza de la sociedad en sus instituciones públicas”. Solamente le faltó decir con quién dialogará. ¿Con los armados a quienes el Secretario de Gobernación ofrece desarmar, o con los delincuentes a quienes el gobierno promete eliminar? Las facultades extraordinarias y plenipotenciarias con las cuales ha sido investido Castillo Cervantes fueron enumeradas puntualmente por su jefe inmediato, Miguel Ángel Osorio Chong: “Promover la coordinación de las autoridades locales y municipales del Estado de Michoacán con las autoridades federales, en los ámbitos político, social, económico y de seguridad pública; establecer mecanismos de coordinación con la Procuraduría General de la República y con la Procuraduría General de Justicia del Estado… “Determinar las acciones que deban ejecutar las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal y demás autoridades del Poder Ejecutivo desplegadas en Michoacán...”. Dentro de lo insólito del nombramiento de Castillo Cervantes hay algo más novedoso todavía. Novedoso y extraño: “Disponer, ordenar y coordinar las acciones de apoyo y auxilio por parte de las instituciones federales de la fuerza pública —lo respaldan, es cierto, los Secretarios de Defensa y Marina, y el Comisionado Nacional de Seguridad—, y recibir en acuerdo a los Delegados, Comisionados y demás servidores públicos del Poder Ejecutivo…”. Eso quiere decir que el poder completo y total… y al mismo tiempo, el desvanecimiento completo y total del Gobernador Fausto Vallejo, quien desde el miércoles dejó de ser una figura simbólica tras su forzada abdicación, el pasado lunes —asumiendo en el triste papel de espectador designado—. Convertir a Vallejo en un cero a la izquierda salió más barato que desaparecer los Poderes del Estado… en guerra. Al menos hasta donde este monje recuerda, nunca un ciudadano había sido investido por decreto de tal poder. El mandato presidencial convierte a Castillo Cervantes en algo superior a un virrey, con autoridad para hacerlo todo… y todo, quiere decir, todo lo absolutamente necesario para recuperar un Estado extraviado. No es ocioso preguntarse si todos los Michoacanos estarán de acuerdo, pero cuando alguien tiene el agua al cuello no pregunta de dónde viene el salvavidas.
Castillo Cervantes —hombre de toda la confianza del Presidente Peña— justificó la razón de su encargo: “La falta de respuesta de las instituciones del Estado a sus ciudadanos es lo que debilita y merma la confianza en ellas; hoy comienza una nueva etapa en Michoacán para recuperar la legalidad y la confianza de la sociedad en sus instituciones públicas”. Solamente le faltó decir con quién dialogará. ¿Con los armados a quienes el Secretario de Gobernación ofrece desarmar, o con los delincuentes a quienes el gobierno promete eliminar? Las facultades extraordinarias y plenipotenciarias con las cuales ha sido investido Castillo Cervantes fueron enumeradas puntualmente por su jefe inmediato, Miguel Ángel Osorio Chong: “Promover la coordinación de las autoridades locales y municipales del Estado de Michoacán con las autoridades federales, en los ámbitos político, social, económico y de seguridad pública; establecer mecanismos de coordinación con la Procuraduría General de la República y con la Procuraduría General de Justicia del Estado… “Determinar las acciones que deban ejecutar las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal y demás autoridades del Poder Ejecutivo desplegadas en Michoacán...”. Dentro de lo insólito del nombramiento de Castillo Cervantes hay algo más novedoso todavía. Novedoso y extraño: “Disponer, ordenar y coordinar las acciones de apoyo y auxilio por parte de las instituciones federales de la fuerza pública —lo respaldan, es cierto, los Secretarios de Defensa y Marina, y el Comisionado Nacional de Seguridad—, y recibir en acuerdo a los Delegados, Comisionados y demás servidores públicos del Poder Ejecutivo…”. Eso quiere decir que el poder completo y total… y al mismo tiempo, el desvanecimiento completo y total del Gobernador Fausto Vallejo, quien desde el miércoles dejó de ser una figura simbólica tras su forzada abdicación, el pasado lunes —asumiendo en el triste papel de espectador designado—. Convertir a Vallejo en un cero a la izquierda salió más barato que desaparecer los Poderes del Estado… en guerra. Al menos hasta donde este monje recuerda, nunca un ciudadano había sido investido por decreto de tal poder. El mandato presidencial convierte a Castillo Cervantes en algo superior a un virrey, con autoridad para hacerlo todo… y todo, quiere decir, todo lo absolutamente necesario para recuperar un Estado extraviado. No es ocioso preguntarse si todos los Michoacanos estarán de acuerdo, pero cuando alguien tiene el agua al cuello no pregunta de dónde viene el salvavidas.

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