-En Canatlán ya hay evidencias del cultivo de maíz con este grano que
podría dañar seriamente órganos básicos de nuestro cuerpo.
Durango, Dgo. (EL CONTRALOR).- La propuesta vino
en el sexenio de Ángel Sergio Guerrero Mier, en el segundo tercio de su
mandato. Ante la persistente sequía habrá que desarrollar una propuesta para
iniciar la reconversión del campo; es una urgencia. Y el doctor Ulises Adame
Ponce de León, comenzó a desarrollar la propuesta con la que se migraría el
campo Duranguense de tierras productoras de maíz y frijol, a superficies más
productivas como hortalizas y árboles frutales.
Con tal propuesta
comenzaron a llegar otras, como el acudir (dentro de este proyecto renovador) a
semillas no sólo mejoradas, sino muy resistentes a la falta de agua o al
excesivo calor o frío; se hablaba, sin decirlo abiertamente, de las semillas transgénicas.
La semana pasada, 27
de agosto, el Tercer Tribunal Colegiado en materia civil invalidó los argumentos
que presentó Monsanto en contra del Magistrado Jaime Manuel Marroquín Zavaleta,
quien ordenó mantener la medida precautoria que desde el 17 de septiembre del
año pasado impide la siembra comercial de maíz genéticamente modificado.
No hay más recursos
legales a los que Monsanto pueda recurrir para quitar al Magistrado Marroquín
Zavaleta, titular del Segundo Tribunal Unitario en Materia Civil y
Administrativa del Primer Circuito, dijo René Sánchez Galindo, Director de
Colectivos, y representante legal del colectivo de 53 personas y 20
organizaciones que promovieron la demanda colectiva contra las siembras de maíz
OGM en julio del año pasado.
En abril pasado, esta
firma interpuso en contra del Magistrado Marroquín un incidente de recusación.
Lo señalaba de falta de ética y de actuar parcialmente en la acción colectiva
en contra del cultivo comercial de maíz transgénico interpuesta por un grupo de
organizaciones el año pasado.
En septiembre de
2013, Marroquín ordenó a las Secretarías de Agricultura y de Medio Ambiente
suspender el otorgamiento de permisos para el cultivo comercial de maíz
transgénico. Desde entonces, tanto dependencias como la firma interpusieron
amparos e impugnaciones.
Marroquín fue
señalado por Monsanto de haber emitido su opinión sobre el fondo del asunto
antes de dictar sentencia.
Esta determinación
sienta un precedente ya que aún faltan por resolverse diez amparos en contra de
la medida precautoria promovidos por las otras empresas como Dow,
Pionner-Dupont y la Secretaría de Agricultura Ganadería y Desarrollo Rural.
El tema de los
transgénicos ha regresado no sólo por la decisión del Tribunal Colegiado sino
también ante la posibilidad que en el próximo período ordinario de sesiones del
Congreso Federal el Ejecutivo Federal envíe la iniciativa para la reforma al
campo mexicano y en este contexto, las trasnacionales a través de sus
cabilderos, intenten de nueva cuenta introducir sus técnicas y granos
genéticamente modificados.
Las empresas que
desarrollan semillas y plantas transgénicas mediante la biotecnología son
grandes transnacionales. Están a la cabeza de esta tecnología en el mundo:
Monsanto, Aventis (AgrEvo y Rhône Poulnec), Novartis, DuPont, Bayer, Hi-Breed,
Pioneer y Astra-Zeneca.
Estas empresas
dedicadas a la biotecnología están en constante transformación y fusión con
otras. Por ejemplo, Calgene -que creó la soya transgénica- hoy ya no existe, fue absorbida por Monsanto que recientemente se
fusionó con Fharmacia Upjohn.
Monsanto y Du Pont
son las más grandes que existen en Estados Unidos y controlan el mercado de
semillas.
La biotecnología se
ha convertido en un multimillonario negocio de unas cuantas empresas
constituidas por sociedades anónimas, que a través de la venta, fusión o
absorción, pueden desaparecer o aparecer convertidas en otras, por tanto, de
esta forma si hay daños en el mediano y largo plazo para el ambiente o la
salud, también pueden ser empresas de responsabilidad anónima a las que nunca,
el brazo de la justicia internacional podrá alcanzar.
Según estas empresas,
el objetivo es hacer estos productos más resistentes y con vida más prolongada;
mejorar la productividad y hacerlos más rentables (en beneficio de la industria
alimenticia). Destacan que sus esfuerzos científicos se han concentrado en
acentuar determinadas características hereditarias de las especies, útiles para
el productor: resistencia a heladas, tolerancia a los herbicidas y plaguicidas,
resistencia a la sequía, soportar mayor tiempo de almacenamiento y crear
cortezas gruesas para facilitar su transporte. Afirman, por último, que la
aplicación de esta técnica tiene con objetivo erradicar el hambre del planeta.
Las características
de las semillas transgénicas señaladas anteriormente hacen que éstas puedan ser
consideradas útiles y atractivas para el productor agrícola. Sin embargo,
detrás de estos beneficios hay costos y riesgos para el ambiente y la salud tan
grandes que hoy ni siquiera estamos en condiciones de calcular.
Por esta razón la
técnica de la manipulación genética, para producir transgénicos es rechazada en
forma creciente por un mayor número de países, entre otras cosas porque implica
los siguientes riesgos:
Daños a la salud.
Resistencia a los antibióticos, alergias o intoxicaciones, efectos acumulativos
y cancerígenos.
Las alergias se
producen cuando una persona que es alérgica a la nuez de cajú, consume, por
ejemplo, soja a la cual se le ha introducido un gen de esa nuez. De esta forma
un alimento que para la persona es inocuo puede provocar una reacción alérgica,
sin que exista la posibilidad de saber que el alimento estaba manipulado
genéticamente con una substancia extraña. Los alimentos manipulados también
pueden incrementar la resistencia a los antibióticos, resultando más difícil
controlar las enfermedades. Por otra parte, pueden aumentar las toxinas
vegetales naturalmente presente en los alimentos, o desarrollar toxinas nuevas.
En su más reciente
artículo titulado “Maíz nativo y teocintle no contaminados" el
investigador de La Jornada, Antonio Turrent Fernández sostiene que prohibir el
cultivo de maíz transgénico en el territorio nacional y sólo importar grano de
maíz libre de grano transgénico o esterilizado, es la única medida para
proteger al maíz nativo y al teocintle de la contaminación transgénica, y
también para proteger los derechos humanos inalienables de las futuras
generaciones de mexicanos. El maíz transgénico no puede coexistir en México con
el maíz nativo o el teocintle, sin contaminarlos ( La Jornada, 11/2/13).
Recuerda Turrent
Fernández que el teocintle es un zacate silvestre de Mesoamérica
(Sinaloa-Veracruz hasta Costa Rica). Es el ancestro inmediato del maíz nativo,
con el que puede sostener flujo génico por vía sexual. La evolución confirió al
teocintle la diversidad genética para prosperar en la variación extrema de
nichos ecológicos de las regiones tropicales y subtropicales de
Mesoamérica.
Una parte
considerable de su reservorio genético fue transferido domesticando, el maíz,
mediante mejoramiento genético autóctono, desarrollado y practicado por 300
generaciones de productores mesoamericanos. Los resultados son hasta ahora, 59
razas nativas en México que comprenden miles de variedades adaptadas a la diversidad
agroecológica del campo mexicano.
Además de adaptación
agronómica, los maíces nativos fueron mejorados como materia prima de la cocina
pluricultural mexicana, que incluye más de 600 preparados, con más de 300 tipos
de tamales y bebidas. Los maíces mejorados modernos no pueden sustituir a los
nativos en términos organolépticos (textura, color, olor, sabor) en la mayoría
de esos preparados alimenticios y tampoco en términos nutricionales (contenidos
de fibra, proteínas, antioxidantes, etcétera.)
Todos los maíces
modernos que se cultivan en el mundo se desarrollaron directa o indirectamente,
a partir del reservorio genético del maíz nativo de Mesoamérica. Esta
biodiversidad más la del teocintle, son la fuente tangible, para desarrollar
las futuras variedades de maíz, capaces de soportar las tensiones bióticas y
abióticas que impondrá el cambio climático a lo largo de este siglo. Las
tolerancias genéticas al calor, a la sequía, a amenazas de nuevas plagas,
enfermedades y a otras tensiones, todas típicamente poligénicas y complejas,
están dispersas y con bajas frecuencias, en ese reservorio genético del maíz y
el teocintle, y en espera de ser descubiertas por la ciencia, para profundizar
el mejoramiento genético del maíz.
La aventura
transgénica a la que los consorcios multinacionales y contados científicos
mexicanos con conflicto de intereses convocan a México está inflamada con
promesas para las que no hay garantías ni fiador, que no han cumplido ni podrán
cumplir. La tecnología transgénica a cielo abierto, erra por su parte, por
inmadura, obsoleta, imprecisa, riesgosa para la salud humana y la ecología, e
incapacidad para incrementar el rendimiento intrínseco del maíz.
Esos científicos
mexicanos son expertos en la escala molecular, pero no han sido iniciados en el
proceso de producción en el campo, lo que los hace incompetentes para dar
consejos al gobierno, a los productores de maíz o a los consumidores. Monsanto
y sus científicos mexicanos cómplices aconsejan al gobierno mexicano y a los
productores de Sinaloa sembrar el maíz transgénico portador del evento NK603
–escalofriantemente célebre por el experimento de Séralini con ratas
susceptibles a tumores de mama ( La Jornada, 1º/8/14)− a
escala comercial, que sería consumido principalmente en las áreas urbanas del País.
Estos promotores
apoyan su consejo en una reciente y polémica publicación en una revista
científica (La Jornada,1º/8/14 y 10/8/14) y omiten ponderar el riesgo
que buscan imponer al consumidor. Éste asumiría el riesgo de su consumo,
mientras no se abarataría la tortilla, no se aseguraría su abundancia ni se
abonaría a la seguridad alimentaria ante el cambio climático. Los ganadores
seguros serían los intereses multinacionales, que darían otro paso hacia el
perseguido totalitarismo alimentario.
Hay para los
mexicanos actuales y futuros cuatro razones aquí señaladas, por las que nuestro
maíz nativo y su ancestro, el teocintle, deben mantenerse libres de contaminación
transgénica:
Proteger la
inocuidad, diversidad y alta calidad de nuestro principal alimento;
Mantener
soberanamente la fuente de alimento y empleo de millones de familias que
cultivan tierras de baja calidad agrícola;
Poder seguir
consumiendo y disfrutando la dieta pluricultural mexicana a base de maíz nativo
Mantener la fuente
tangible de tolerancia genética ante futuros retos, incluidos los derivados del
cambio climático.
Si permitimos que se
contaminen el maíz nativo y el teocintle, cada una de las miles de millones de
células constitutivas de cada planta de maíz contendría las toxinas
transgénicas. Las tortillas, tlacoyos, totopos oaxaqueños, tlayudas, atoles,
tamales, pozoles, tejuinos, tejates, pozol, etcétera, las contendrían y todos
los consumiríamos: las madres lactantes, los nenes, jóvenes, adultos y personas
mayores, durante toda nuestra vida y así, en adelante, porque no habría
retorno.
La invasión sistemática de Monsanto
El Viernes 5 de abril
de 2013 se dio a conocer que Monsanto había presentado tres nuevas solicitudes
para siembra de maíz transgénico en 28 municipios de Chihuahua, 11 de Coahuila
y nueve de Durango; el plazo para obtener una respuesta de las secretarías de
Medio Ambiente, Recursos Naturales y de Agricultura, Ganadería, Desarrollo
Rural, Pesca y Alimentación vence el 26 del mes en curso, de acuerdo a la
información de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos
Genéticamente Modificados (Cibiogem).
Los nuevos permisos
–en el rubro comercial– que entregó la trasnacional el 26 de marzo de 2013 a la
Cibiogem se suman a los tres en la modalidad piloto, que había presentado en
enero y febrero de ese mismo años, para los citados municipios de esas
entidades, los cuales conforman la región del desierto de Chihuahua, así como a
los cinco solicitados para la zona de las planicies y lomeríos del desierto del
Vizcaíno y Magdalena, en Comondú, Baja California Sur.
El 26 de marzo
también Syngenta manifestó su interés en sembrar maíz genéticamente modificado
a nivel experimental en la región agrícola de los municipios de Ahome, El
Fuerte, Sinaloa, Guasave, Salvador Alvarado, Angostura, Mocorito, Navolato y
Culiacán, en Sinaloa.
En ninguno de los
casos determina la superficie que ocuparán las siembras experimentales, piloto o
comerciales.
Organizaciones del
movimiento Sin Maíz no hay País, sostuvieron que las solicitudes presentadas
por Monsanto son irregulares, ya que duplican y triplican superficies mayores a
la totalidad de la superficie bajo riego en cada Estado.
Asimismo, exigieron
al gobierno definir su postura al respecto, pues no ha aclarado oficialmente si
los permisos que presentó esa empresa en septiembre de 2012 fueron aceptados,
pues de acuerdo al artículo 57 de la Ley de Bioseguridad y Organismos
Genéticamente Modificados, el resultado tenía que darse a conocer en enero de
2013.
Semillas de Vida,
Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo
(ANEC), Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, Grupo de Estudios
Ambientales, entre otros, temen que el gobierno de Peña Nieto mantenga la misma
opacidad que la anterior administración, ya que no hubo relevo en el Servicio
Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) ni en la
Cibiogem. Refrendaron su oposición a la siembra de maíz transgénico y llamaron
a las instancias gubernamentales a rechazar los permisos y declarar el
territorio mexicano libre de transgénicos.
Al respecto,
productores de maíz en Sinaloa y la Confederación Nacional de Productores
Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM) se manifestaron en favor del inicio de la
siembra comercial de dicho tipo del cereal; consideran que es una alternativa
ante el aumento de la temperatura y la escasez de agua.
Carlos Salazar
Arriaga, Presidente de la CNPAMM, apuntó que esa organización tiene un programa
de rescate de maíces criollos y una propuesta de tecnología de alto rendimiento
para maíz; no le estamos apostando sólo a los transgénicos.
El Sol de Durango, en
su edición del 31 de mayo de 2013, en una nota firmada por el reportero
Jesús Francisco Sánchez, se da a conocer que en Durango y México se cultivará
maíz transgénico: pese a la polémica, las presiones y la información difundida
contra esta opción en el sentido de que es dañino para la salud humana.
El Presidente de la
Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM),
Héctor Carlos Arriaga Salazar, en entrevista exclusiva con El Sol de Durango,
confirmó la puesta en marcha de este proyecto. Muchos productos transgénicos
-toda la papaya, tomate, aceites de canola, de soya, el propio maíz importado-
se están consumiendo hoy y están presentes en la mesa de los mexicanos sin
darnos cuenta.
Son 2.5 millones de
hectáreas las que se tienen contempladas para el cultivo transgénico de maíz y
en donde se están haciendo experimentos en la Región Lagunera de Durango y
Coahuila en donde se tiene la particularidad de que ahí es menos el riesgo el
cultivo de maíz transgénico porque la mayoría o casi todo el maíz se usa para
silo, "no se usa ni para consumo humano ni para producir grano, entonces
va en el proceso de fermentación del silo y hay mucho menos riesgo para aplicar
esta biotecnología".
El Presidente de la
CNPAMM apuntó que en las zonas comerciales en donde se va a usar esta
tecnología para ponerla al alcance de los productores, la gran ventaja es que "vamos a competir de igual a igual con
los países que exportan a México el maíz transgénico".
En otra nota, ahora
de El Siglo de Durango del pasado 24 de agosto, Saúl Maldonado da a conocer que
Víctor Manuel Sánchez, dirigente de la ONG denominada Fraternidad Forestal
Durango A.C., asegura que en el municipio de Canatlán el año pasado se sembró
en algunas hectáreas maíz transgénico.
"No sé si fue por equivocación o no, pero a
la gente que fue a comprar la semilla mejorada le dieron la otra, la
transgénica y sin saber la sembraron. La cosecha que se produjo fue enorme,
claro, pero de grano envenenado", comentó.
Un productor del
municipio de Canatlán que pidió el anonimato dijo que fue una persona
relacionada con una fuerte empresa nacional que se dedica a la producción de
harina de maíz para hacer tortillas la que directamente fue hasta con cada uno
de los productores y les ofrecía la semilla y los insumos a cambio de siembras
por contrato.
"Esa persona es la que nos trajo la semilla y
no era una semilla normal porque viera usted qué bonita estaba la mazorca y la
cosecha, y no necesitamos casi nada de insecticidas", añade, aunque
aclara que nunca pudo mandarle hacer pruebas a su cosecha porque se llevaron
toda la producción, y no le dejaron ni para semilla.





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